jueves, 19 de enero de 2012

Mujer redonda



Hasta los niños la miraban, cuando
doblaba las esquinas de la calle;
tan azul y radiante, que una llama
parecía tener entre los dientes.

__

Huía de la luz con la pereza
de una cierva cansada, y sonreía
sintiendo las miradas de las gentes
resbalar por su vientre abovedado.

__

Se llevaba las manos a la henchida
plenitud de su carne y las dejaba
allí sumidas, por sentir el eco
caliente y vivo del amor, haciéndose.

__

Hasta entonces, los hombres la siguieron
con ronca voz de barro; y los temía;
porque el hombre fue sólo para ella
lobo furtivo y sal de madrugada.

__

Pero ahora les miraba desde un cielo
grávido y fuerte. Ellos la veían,
redonda poderosa, como un puño
abriéndose caminos en la niebla.

__

Si entonces una voz gritaba:
-Mira;
tiene un hijo…
Se apretaba doliente
la cintura de vidrio, y, en la tarde,
era como una encina coronada.

__

Los oscuros balcones con geranios;
los húmedos zaguanes; las buhardillas;
las frescas herrerías; las campanas
que las monjas tañían en el alba…

__

Todo, a su paso, sin cesar latía
al compás de su vientre… Todo, atento
al dulce peso de su vientre… El aire,
de cristal y de gloria, por su vientre…

__

Ya la carne de trigo se atiranta
y duele extensamente.
¡Cómo sabe
el dolor de los hijos!
¡Porque tienen
sabor a junco verde por la sangre!

____

Victoriano Crémer



Reseña biográfica

Poeta español nacido en Burgos en 1906.
Residió buena parte de su vida en León donde trabajó como tipógrafo y periodista. Siendo un autodidacta sobresalió meritoriamente como poeta y crítico, colaborando en la fundación de la revista Espadaña y en varios programas radiales.
Obtuvo el Premio Boscán en 1951 y el Nacional de Poesía en 1963.
  Entre sus obras se destacan: «Tacto sonoro» 1944, «Las horas perdidas» 1949, «Furia y paloma» 1956 y «El fulgor y la memoria» en 1996.