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jueves, 7 de febrero de 2013

La favorita del sultán



Marcha, despiadada y cruda,
pues me quemas con tus besos,
al lucir casi desnuda
tantas gracias y embelesos.
Sol que en el cenit me abrasas
sin una nube en tu cielo,
yo te pondré dobles gasas,
y no te veré sin velo:
sobre un lecho encubertado
te he hacer cubrir de flores,
y serás vergel cerrado,
do se oculten mis amores.
¡Judía, que por fortuna
de mi ser eres sirena,
como tú no vi ninguna,
ni cristiana ni agarena!
Tú te ríes y te alegras
cuando en mí los bríos faltan,
mientras tus pupilas negras
ebrias de placer te saltan.
¿Quién ha de romper tus lazos?
Enamoras, avasallas,
y un día de tus abrazos
rinde más que cien batallas.
¡Deja tu delirio ciego!
Mientras en tu seno hermoso
me adormeces con el ruego,
mientras cantas y reposo,
febles sufren mis soldados
la ignominia en sus derrotas;
y en los mares agitados
pierdo mis avaras flotas:
pierdo a Egipto y sus llanuras,
do las auras regaladas
mecen las espigas puras
en las cañas encorvadas;
do las moles eternales
donde el orgullo está escrito,
se alzan en los arenales
con la esfinge de granito;
cuyo párpado despierto
jamás una vez cerraron
ni los vientos del desierto,
ni los siglos que pasaron.
Tú me encantas, y consientes
que amenacen mis dos mares
las águilas de dos frentes
de los ambiciosos zares.
¡Guay el autócrata un día
no venga a tomar mi harén,
y por ser esclava mía
conmigo mueras también!
No desnudes por mi amor
ese tu seno hechicero,
y deja que tu señor
vaya a desnudar su acero.
Que tiña en sangre su filo,
que levante en sus furores
pirámides junto al Nilo
de cabezas de traidores.
Mas ¡ah!… ¡Mis votos fallidos
dejarás con ilusiones,
rémora de los sentidos,
imán de los corazones!
Porque el más adusto moro
que a las lides se partiera,
puesto a contemplar tu lloro,
riendas al corcel volviera.
Yo caricias he probado
de unas hermosas de nieve,
cuyo beso regalado
con grata emoción conmueve.
Pero tu beso, sultana,
dulce beso humedecido
de esos tus labios de grana,
me enloquece, me ha perdido.
Desprecio, pues, mis riquezas,
y cual vanos oropeles,
mis títulos y grandezas,
mis tropas y mis bajeles.
Mis palacios no deseo
con dilatados confines,
ni mis casas de recreo,
con estanques y jardines
ni del Arabia dichosa
los más exquisitos dones,
ni frescos baños de rosa,
ni púrpuras, ni bridones;
ni el nombre que se me da,
de señor de mar y tierra,
de sombra augusta de Alá,
príncipe de paz y guerra.
Desprecio las dignidades
de mis bélicas proezas,
y mis pueblos y ciudades
con torres y fortalezas.
Y haré decir al diván
que no tengo más estados,
que mi pipa, mi atagán,
y tus ojos adorados.

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Juan Arolas



Reseña biográfica
  
Escritor español nacido en Barcelona, en 1805. Es autor de La sílfide del acueducto (1837) y de Poesías religiosas, orientales, caballerescas y amatorias (1860). Cultivó una poesía romántica en imitación de Byron y de Hugo. Es célebre su poema Sé más feliz que yo.
Murió en Valencia, en 1849.



jueves, 2 de febrero de 2012

La odalisca



¿De qué sirve mi belleza
la riqueza,
pompa, honor y majestad,
si en poder de adusto moro
gimo y lloro
por la dulce libertad?

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Luenga barba y torvo ceño
tiene el dueño
que con oro me compró;
y al ver la fatal gumía
que ceñía,
de sus besos temblé yo.

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¡Oh, bien hayan los cristianos,
más humanos,
que veneran una cruz,
y dan a sus nazarenas
por cadenas,
aura libres, clara luz!

__

Dime, mar, que me aseguras
brisas puras,
perlas y coral también,
si hay linfa en tu extensión larga
más amarga
que mi lloro en el harén.

__

¿De qué sirve a mi belleza
la riqueza,
pompa, honor y majestad,
si en poder de adusto moro
gimo y lloro
mi perdida libertad?

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Juan Arolas



   Reseña biográfica

Escritor español nacido en Barcelona, en 1805. Es autor de La sílfide del acueducto (1837) y de Poesías religiosas, orientales, caballerescas y amatorias (1860). Cultivó una poesía romántica en imitación de Byron y de Hugo. Es célebre su poema Sé más feliz que yo.
Murió en Valencia, en 1849.

domingo, 9 de octubre de 2011

Flores del alma



Al buen entendedor salud.
Si en la margen de arroyo que camina.
Suspende bello pájaro sus vuelos,
cuando bebe una gota cristalina,
levanta el pico de ámbar a los Cielos.

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Suenan en el festín del potentado
los brindis a la suerte veleidosa,
al ciego amor y al rostro delicado
de las bellas que ciñen fresca rosa;

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y mientras que retumban los salones
con cánticos de faustos parabienes,
no suben a dorados artesones
las gracias al dador de tantos bienes.

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De injusticia cruel en un tormento,
de súbito peligro en un espanto,
se marca en nuestro ser un movimiento,
que es levantar la vista al Cielo santo.

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Si no hubiese metal de acero duro,
nunca la piedra imán lo buscaría
para: estrechar un lazo tan seguro
con fuerza, recóndita que envía.

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Si después de la tumba misteriosa
entre reinos de luz, gloria y recreo,
no existiese otra vida venturosa,
nunca la invocaría mi deseo.

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Bajo la planta rústica oprimida
rinde olor la violeta, y embalsama,
y es como la virtud, que perseguida,
como no tiene hiel, perdona y ama.

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Dominarse a si mismo es noble empeño,
sufrir la ingratitud es trance amargo
la vida del placer huye cual sueño,
pero un día sin pan es el más largo.

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En el fuego se prueba la fragancia
del incienso de Arabia delicioso,
y en las tribulaciones la constancia
del varón esforzado y animoso.

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Más grande que los mares extendidos
es el alma del hombre en sus arcanos
y el polvo de sus restos consumidos
no llenaría el hueco de dos manos.

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De los grandes caudillos vi los nombres
en ciudades, y villas y desiertos
escritos con la sangre de los hombres,
que la guerra es la fiesta de los muertos.

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Y del cielo en los ámbitos dorados,
con buril de diamante y rayos vivos
de los sabios los nombres vi grabados,
que su vida es la fama de los vivos.

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Al impulso del aura procelosa
se desprende la nuez del cocotero
de su palma elevada y orgullosa…
Dios le señalará su derrotero.

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Cayó en la inmensidad del Océano
y flota en los cristales errabunda;
la sublima y abate el mar insano,
la esconde entre sus senos y la inunda.

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Tras agitadas noches con sus días
encalla en arena, en un paraje
do no hay vegetación ni sombras frías…
Dios señaló su término al viaje.

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El sol la fecundó: ya va naciendo
la palmera feraz; crece y asombra,
y sus gigantes ramas extendiendo,
a mil renuevos suyos hace sombra.

__

El desierto es un carmen aromoso,
con toldos coronados de rocío,
y el ave tiene nido delicioso,
y el hombre tiene sombras en estío.

__

Así se desarrolla el germen puro
de civilización y de cultura,
que en el pueblo más bárbaro y más duro
pone esplendor, riquezas y ventura;

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pues todo lo anivela y lo concilia,
y arrancando del mundo las murallas,
hará de todo el mundo una familia,
sin linderos, ni términos, ni vallas.

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La virginal belleza candorosa
tiene la propiedad de sensitiva,
que si un dorado insecto en ella posa,
lo desdeña, y se cierra fugitiva.

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Hay una Nación fuerte y aguerrida
y un sabio ha escrito en ella en dos renglones
que la pena de muerte irá abolida,
según el giro actual de las Naciones.

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Juan Arolas



   Reseña biográfica

Escritor español nacido en Barcelona, en 1805. Es autor de La sílfide del acueducto (1837) y de Poesías religiosas, orientales, caballerescas y amatorias (1860). Cultivó una poesía romántica en imitación de Byron y de Hugo. Es célebre su poema Sé más feliz que yo.
Murió en Valencia, en 1849.


lunes, 12 de mayo de 2008

Sé más feliz que yo...


Sobre pupila azul, con sueño leve,
tu párpado cayendo amortecido
se parece a la pura y blanda nieve
que sobre las violetas reposó:
yo el sueño del placer nunca he dormido:
!Sé más feliz que yo¡

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Se asemeja tu voz en la plegaria
al canto del zorzal de indiano suelo
que sobre la pagoda solitaria
los himnos de la tarde suspiró:
yo sólo esta oración dirijo al cielo:
¡Sé más feliz que yo!

55

Es tu aliento la esencia más fragante
de los lirios del Arno caudaloso
que brotan sobre un junco vacilante
cuando el céfiro blando los meció:
yo no gozo su aroma delicioso:
¡Sé más feliz que yo!

55

El amor, que es espíritu de fuego,
que de callada noche se aconseja
y se nutre con lágrimas y ruego,
en tus purpúreos labios se escondió:
él te guarde el placer y a mí la queja;
¡Sé más feliz que yo!

55

Bella es tu juventud en tus albores
como un campo de rosas del Oriente;
al ángel del recuerdo pedí flores
para adornar tu sien, y me las dio;
yo decía al ponerlas en tu frente:
¡Sé más feliz que yo!

55

Tu mirada vivaz es de paloma;
como la adormidera del desierto,
causas dulce embriaguez, hurí de aroma
que el cielo de topacio abandonó:
mi suerte es dura, mi destino incierto:
¡Sé más feliz que yo!

6666

Juan Arolas